Grupo SKS Teatro

Visto desde ahora, me imagino que no tuvo que ser fácil para un profesor, embarcarse en una aventura tan hermosa como arriesgada, mirando a aquellos jóvenes que sonreían ante la idea de una representación. O quizá no.

Quizá el ser consciente del interés mostrado por aquel grupo (inusual, todo sea dicho) lo animó a hacer realidad aquello con lo que soñaba desde hacía tiempo, lo que había vivido en su propia piel, y que podía transmitir. Sea como fuere, allí nos encontramos, una tarde, en los bajos del Instituto Antigua Sexi, realizando (al menos así era en mi caso) el primer casting de nuestras vidas. Se sorteaban los papeles para la tragicomedia “Ese simple mortal llamado Paris”. Lo curioso fue, que a pesar de que había un protagonista, y su homónima femenina, la rivalidad, habitual compañera de lances artísticos, no llegó a hacer acto de presencia, y quizá fue su ausencia, la que, a lo largo de las vicisitudes que desembocaron en su representación final, no empañó en ningún momento la candidez de aquel proyecto educativo.
Resulta complicado resumir en palabras todas aquellas tardes, en las que, poco a poco, y como si de un juego se tratase, todos los que allí estábamos íbamos tomando conciencia de la responsabilidad y el placer de un trabajo bien hecho. No niego que existieran momentos difíciles; en algunos casos incluso estuvo a punto de irse a pique. Pero nunca ocurrió, y creo que es una de las experiencias que más me satisface haber tenido.

El estreno de “Ese simple mortal llamado Paris” fue más que único, inimaginable. Al recordar aquella sensación, cuando el telón estaba a punto de descorrerse, todos ocupando nuestras posiciones e incapaces de pensar en otra cosa que en no dejarnos llevar por el pánico, realmente, se me enciende la piel, y escucho esos latidos en el estómago que solo se producen cuando vas a dar un paso decisivo. A un lado, nosotros, los actores, con nuestros trajes de diosas griegas y sus trajes de griegos hombres. Al otro, el público, joven, inquieto, expectante ante una temática tradicionalmente oscura, y de la que no esperaban mucha diversión. Se abrió el telón, y, comenzó.

Ha habido otras, muchas representaciones, pero nunca como aquella, nunca tan pasional, tan pura, tan espectacularmente bella, tan mía, y tan nuestra.

Con el viento fresco que ofrece el éxito, y es que realmente gustó, nos embarcamos en una segunda aventura: “Infelix Dido”. De la comedia al drama. El coro, que con voz sepulcral narra los acontecimientos de una desdichada historia de amor, de las que ya no se oyen, entre un hombre consciente de su destino, y una mujer que se rebela contra todo, incluso contra sí misma.

Ha habido muchas otras obras “Las Tesmoforias”, “Electra”, “Miles Gloriosus”, “Las Troyanas”, “La Asamblea de las mujeres”, “Casina”, “Alcestis”, “Los Acarnienses”, “Antígona”,… Y aún hoy SKS TEATRO sigue vivo, despertando en todos la pasión por obras que no deben olvidarse, porque sus valores, como todo lo realmente humano, permanecen intactos a través de los tiempos.
Hemos aprendido mucho a través del teatro. Historia, mitología, costumbres… pero el verdadero conocimiento es el que intento reflejar, quizá no como quisiera al dejarme llevar por la emoción, en este texto. Es un sentimiento de unión, de capacidad, de trabajo constante, de entrega, y de felicidad infinita. Es la magia del teatro.

Muchos ya no estamos allí. Nuestras vidas han tomado caminos distintos, y vemos como nuevas generaciones recogen el testigo, y experimentan esa antigua y venerable virtud que es construir tu propio éxito. Breve, pero inmensurable. Mi agradecimiento desde aquí a todos los que lo hicieron, y lo hacen posible. Algunos ya lo saben, otros se lo imaginan, otros no aceptan cumplidos aunque saben que se los merecen. A todos, gracias, porque sin ellos, hubiera sido incapaz de escribir una sola línea.

                                                                                                                                                                                                   Eloísa Ruiz

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